San Valentín, desde hace ya tiempo, no importan las razones, el día del amor, el día para el amor, el día en que nuestro mundo se llena de corazones rojos, de sonrisas de fiestas preparadas para el beso, de ramos de flores inmensos y dulces bombones, de cines y cenas, de libros, de manos entrelazadas, un día de calor a pesar de todo lo que falta para que la primavera nos vista de luz y nos desnude de la vergüenza invernal de los cuerpos.
El día del amor, el día para el amor…
Pero, ¿y qué pasa si el amor es oscuro, invisible, imposible? ¿si el amor duele mientras el corazón se resquebraja? ¿si el amor se fue, o no llegó, o se quedó en el uno sin alcanzar nunca su objetivo. ¿Si Cupido tuvo mala puntería cuando lanzó la flecha?
El amor secreto, el que se esconde, el que nos agita en la discoteca mientras bailamos para nosotros mismos cuando vemos cómo pasa, sonriéndoles a otros, moviéndose para otros, tocando a otros.
¿Acaso no lo hemos sentido una, cien, un millón de veces? La letra de «Amor Sin Final» nos cuenta, reconoce nuestras historias personales, se nos clava en los recuerdos. El ritmo se apropia de nuestras baladas y convierte nuestro San Valentín en una sucesión de pequeñas heridas que se vuelven a abrir, llenándonos de nombres.
Música madura y bella, música que nos empuja, nos saca de la comodidad, nos lanza hacia la divina irrealidad en la que una vez en los sueños, fuimos uno. «Amor sin Final», porque si no hubo realidad no puede terminarse. Baila y recuerda, sueña con Mikan, baila y recuerda.